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Que te sea leve, maestro

Que te sea leve, maestro

Ayer murió Dario Fo, sin duda el máximo referente de Teatro del Garabato. A él le debemos los mejores momentos imaginables vividos sobre un escenario. Gracias a él esta compañía empezó a andar.

Ayer nos dejó Dario Fo, el maestro indiscutible de quien escribe estas líneas.

La primera vez que me encontré con su trabajo estaba a la busca y captura de textos fáciles, obras que se adaptasen a la escasa capacidad que teníamos durante los primeros tiempos de la compañía. Entre la jungla, encontré un diamante de valor incalculable llamado Aquí no paga nadie, una joya cuya principal cualidad para un novato como yo era su facilidad de montaje y la seguridad de que iba a funcionar (casi nada). Pero el embelese que sentía por los grandes dramas pasionales, los Strindberg, los Ibsen, los Tennessee... no me dejaba apreciarla, considerándola una obra ligera, menor, una comedieta... ¡si hasta la podíamos montar nosotros!

A pesar de la poca importancia que le di, al leerla viví algo sorprendente: según avanzaban mis ojos por el texto, mi cabeza la visualizaba, la entendía, la montaba, la escuchaba... sin esfuerzo. Pura magia que, por entonces, no valoré en su medida, y Aquí no paga nadie cayó en el baúl de "obras posibles".

Volví a Fo buscando (otra vez) un texto accesible para montar con un grupo de compañeros a los que había enredado para relanzar la compañía. Y me enfrasqué en su recopilación de farsas No hay ladrón que por bien no venga. Volvió a surgir la magia: podía ver sobre el escenario, casi sin esfuerzo, todas y cada una de las líneas que leía, asombroso.

Finalmente nos quedamos con Los muertos se facturan y las mujeres se desnudan. ¡Por primera vez puse de pie un texto de Dario Fo!

A pesar de que fue un proceso de creación muy complicado, conseguí vislumbrar otra de las grandes cualidades de este autor: la generosidad dramatúrgica. Fo nos regala una estructura dramática sencillamente genial sobre la que nos deja construir a nuestro antojo, sin límites, sin corsés. ¡Ah! Y también me di cuenta de que hacer bien un texto de Fo no es, ni mucho menos, tan sencillo como yo pensaba...

Escaldado por un montaje amargo y todavía engatusado por los grandes dramas personales, volví a enviar a Dario a la habitación del "por si acaso".

Hasta que España se indignó, hasta que las plazas se llenaron, hasta que los que callábamos quisimos alzar la voz de la denuncia, de la vergüenza, del "seacabó". El 15M llamó a la puerta y trajo como compañero de viaje a este genio italiano de nombre reconocible (pero sin acento) y apellido bufo, y ya no me abandonaría más; bueno, ayer, un poco.

Montamos, por fin, ¡Aquí no paga nadie!. Y lo que esta obra nos dio a quienes la vivimos es indescriptible, impagable. Nos regaló momentos y sensaciones sobre el escenario que nos cambiarían la vida...

Con este espectáculo pudimos disfrutar de otra gran virtud de Fo: la capacidad que atesora para comunicarse con el público (tantas veces olvidado) de una manera sorprendentemente sencilla, honesta y directa. Y no lo hace para contarle frivolidades vitales o ligerezas burguesas, qué va. Fo cautiva al espectador para enfrentarle cara a cara con los grandes problemas sociales, bajándole la guardia a base de carcajadas. Y lo hace como nadie.

Tras ¡Aquí no paga nadie! empecé a interesarme en serio por la dramaturgia y, cuanto más aprendo, más admiro a Dario. No he encontrado a ningún dramaturgo que domine de forma tan magistral y generosa todos los ingredientes que componen el teatro.

Y ayer nos dejó. A poco más de una semana del estreno de la primera obra escrita por mí, el cuerpo de Dario Fo se apagó...

Que te sea leve la estancia en la tierra, maestro.

Virgilio Nieto

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